Los expertos son aquellos que en base a su superior conocimiento “saben” mucho o muchísimo de lo que han estudiado y como conscuencia pueden “aconsejar” a quién les pide ayuda.
En nuestro tiempo y en nuestra tierra aparecieron gran número de “expertos”, al menos es lo que buscaron nuestros dirigentes políticos que, como parece, no sabían mucho y querían conocer de aquellos todo lo necesario para poder hacernos la vida más agradable (esa Sociedad del Bienestar que querían conseguir para todos), Pero… parece que no los encontraron pues estos “expertos”, excediéndose en su “tarea”, consideraban que eran ellos los que habían de dar la “calificación” de lo que es bueno o es malo, y así, por lo que eran ellos los que decidían qué era lo bueno, lo verdadero.
Pero resultó que lo que determinaron los dichosos “expertos” había de ser descifrado por el resto de los humanos, porque, -listos ellos- no querían “pillarse los dedos”; y nos contaban las cosas de tal manera que cada uno las interpretábamos a nuestra conveniencia, (para eso si fueron expertos). Lo más curioso de todo esto es que lo que tenían que dar a conocer no necesitaba más estudio que lo que cualquier persona con buenas costumbres y un correcto sentido de la moralidad y la ética puede descubrir por sí misma sin necesidad de profundizar en la esencia de esos “supuestos problemas” que pretendían resolver. No acertaron nuestros políticos en la elección, de expertos que seleccionaron, a pesar del enorme número de ¿expertos? que tuvieron a su alrededor¿ ¡Qué gasto tan enorme y… para nada!
Con este nuevo Gobierno, ahora sí que se necesitan expertos de verdad para, al menos, intentar deshacer todo aquello que había sido enredado por la ineficacia e ineptitud de políticos y “expertos“ de “tres al cuarto”. Y es tanto lo que se ha enredado que ¡cuánta dificultad tendrán que superar! Porque, lo que se están encontrando es tanto que ya no se sabe lo que es.
El ser humano, -¡ignorante!-, con todo el saber que tiene, no sabe nada de nada; (ya lo dijo el sabio aquel –Descartes, creo, se llamaba- “sólo sé que no sé nada”); y es por eso que fue sabio, porque supo descubrir lo pobre de su sapiencia,.
El ser humano, -¡ignorante!- en su soberbia terrible quiere ser él mismo Dios y no sabe darse cuenta de que ese querer ser su propio Dios es signo de su impotencia por no saber que, jamás, jamás podrá ser, conocedor de toda la ciencia. Lo que se hemos de saber es que a Dios le debemos el poco conocimiento que tenemos de La Ciencia. Él, Dios, sí que lo sabe todo.
Por ello habrá que saber elegir no a los “expertos”, sino a los mejor formados, y parece que ahora se ha buscado a gentes preparadas para resolver los problemas que el anterior Gobierno, con sus expertos, nos han dejado en Economía, en Educación, en la Justicia, en la Agricultura, en la Sanidad, en Asuntos exteriores, en las Comunidades Autónomas, en lo que es constitucional o no, y… en tantas y tantas cosas. Y si aún así faltarán más gentes. Esperemos que no sean tantos los que se necesiten si éstos, con humildad, ponen su voluntad en hacerlo bien con la ayuda del que más sabe, Dios.