MI CARTA A LOS REYES MAGOS

Ya soy mayor, un abuelo, y con qué ilusión escribo yo estas líneas. Con esa ilusión de los que desean lo mejor para los que nos siguen. Hoy, me atrevo a pediros, queridos Reyes Magos -porque en vuestras manos está-, que nos dejéis, sí, ¡el amor y la paz, para todos!.  Y con el amor, la ilusión de encontrar la felicidad, o, al menos, la dicha en la familia, en nuestros pueblos, en el trabajo, en el diario quehacer; y con la paz, la tranquilidad que el mundo necesita para vivir sin sobresaltos y con seguridad. 

Majestades dadnos amor para que seamos capaces de cambiar para bien, para que ayudemos a las gentes en sus tareas, para que las aliviemos de sus penas, para que las ilusionemos, para que las hagamos sonreír, para que sepamos comprenderlas, para que eliminemos el egoísmo de nuestras vidas, para que la mentira y la envidia dejen de existir, para entregarnos a los demás con humildad, para que en los otros veamos siempre al amigo, para que seamos capaces de dar ejemplo del bien hacer, para que olvidemos las ofensas que alguien pudiera habernos hecho, para que la razón nos obligue a hacer siempre el bien, para que la sencillez sea norma en nuestro comportamiento de tal manera que todos nos hagamos merecedores del cariño de los demás.

 
Alfonso Balsera | 10 de enero de 2012

Majestades dadnos la paz, o ayudadnos a conseguirla porque seamos capaces de vencer a los que, porque no quieren aceptar el amor, buscan sembrar el odio entre nosotros, para que seamos capaces de formar en unidad la sociedad que ansiamos, para que nadie se pueda sentir ofendido cuando, por ignorancia, se equivoque en su proceder, para que todos nos sintamos solidarios como hermanos de una misma familia.

Os escribo con el ensueño de los niños pequeños que esperan encontrar en las primeras horas de la mañana del día de “Los Reyes Magos”, vuestro día, los regalos que os habían pedido, y, con la esperanza de quien cree que la bondad, al ser patrimonio del ser humano, conseguirá que estas peticiones no sean desatendidas si es que todos nosotros ponemos nuestro ardor en ayudaros, majestades. Estoy seguro que no soy yo solo el que os pide todo esto, muchísimos más os lo habrán urgido. Y si esto es así bien podéis dejarnos el amor y la paz.

Con vuestra adoración y vuestras ofrendas en Belén os ganasteis de Jesús el poder de concedernos lo que, con ilusión, os pedimos. Nosotros nos empeñaremos en ser merecedores de ello. Y os lo agradeceremos con todo el corazón.

 
 

 
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