¡Hola! Me gustaría trasladar en frases simples de entender los sentimientos de amor que llenan el corazón de los que ya somos padres por todos y cada uno de vosotros, nuestros hijos.
Unas veces nos rebosa el corazón de orgullo porque os vemos fuertes, sanos, llenos de vida, con ilusiones sin fin mientras buscáis con vuestros estudios la posibilidad de llegar a ser mucho más de lo que nosotros, los padres, hemos llegado a ser, o cuando observamos que con vuestro trabajo y esfuerzo, conseguís el bienestar y, hasta la felicidad que nos hubiera gustado haberos dado.
Alfonso Balsera Rosado | 16 de agosto de 2010
Hay ocasiones que son de tristeza y hasta de dolor cuando os vemos, en vuestra lucha, que no lográis conseguir todo aquello que creó vuestra ilusión y os hundís en el desaliento y hasta en la desesperación, y hay veces que sufrimos por vuestro profundo dolor, ese dolor que traspasa el alma, cuando vemos resbalar lágrimas por vuestras mejillas, porque alguien que formaba parte de vosotros mismos os abandonan, porque perdierais su amor o porque ese alguien se marchara a la otra vida.
Otras veces, cuando ya sois mayores, os volvéis como niños pequeños portándoos como tales, y nosotros nos “caemos” de nuestro pedestal y os consentimos caprichos, llevados por el amor que os tenemos desde chicos.
También ocurre, que a veces, os vemos dudar en las cuestiones de fe y nuestro corazón se queda como encogido al sentirnos culpables porque llegamos dudar si conseguimos o no, daros la educación y formación ideal que pretendimos inculcaros.
Cuando los padres sentimos dolor, o alegría, o cuando dudamos, o cuando os vemos muy niños, o muy hombres, de nuestro corazón se escapa todo el amor que os tenemos. Por ello nos atrevemos a deciros, para que, también, sepáis lo qué es el amor:
“Sois carne de nuestra carne, sois fruto de nuestro amor, os trajimos a este mundo con la ayuda del buen Dios que nos dá a todos los hombres los sentimientos de amor. Es por ello, que os queremos, y es por ello que vosotros nos queréis. Irán pasando los años e iréis, también, creciendo, y recordaréis sucesos, unos malos, otros buenos que marcarán vuestras vidas. Recordaréis alegrías y tristezas que llegaron, que aumentaron nuestro amor; y seguirá pasando el tiempo y habrá más alegrías en vuestras vidas, y, también, habrá dolor y cuando vosotros seáis padres crecerá más y más el amor que tengáis a vuestros hijos.
Cuando llegue ese momento, pensad en lo que, como padres, os aconsejamos: ¡Quered mucho, mucho a vuestros hijos y ayudadles a ser “hombres” aunque os cueste sacrificios!”