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Redacción | Publicado el 18 Julio, 2010 | Un Comentario
La tormenta se inició el mismo día que la Selección de España ganaba el Mundial de fútbol: la hija mayor de Rodríguez Zapatero dejaba La Moncloa para vivir con ’su pareja’ en lo que algunos han definido como “una especie de comuna”
A todos extrañó que el día en que ZP recibía a los campeones del mundo no apareciera por allí nadie de la familia. La oportunidad de saludar a los ganadores del Mundial era única. Pero todavía no había trascendido que los problemas crecían en casa, ya que Laura Rodríguez Espinosa, hija mayor de los inquilinos de La Moncloa , había optado por independizarse y abandonar el domicilio familiar para convivir junto a su pareja. Dicen que “en una especie de comuna”. Minuto Digital ha contactado con Comunicación de Presidencia del Gobierno para interesarnos sobre estos extremos, pero la respuesta ha sido lacónica: “No hay comentarios sobre la vida privada de la familia Rodríguez Zapatero”.
Esta situación que en este caso puede no ser cierta, parece ser que se da con alguna frecuencia entre nuestros jóvenes. No sé lo que pensarán ustedes, por un lado, de esa extraña libertad que los “progres” les están dando a sus hijos y por otro lado la censura a las revistas para que no publiquen lo que ocurre, más aún si esta censura parte de los poderes públicos sobre una noticia que es consecuencia de las acciones de una persona ¿mayor de edad?.
En la cuestión de la censura no deseo opinar por cuanto es algo que no alcanzo a comprender, si se está pregonando lo de la “libertad de expresión” para los medios informativos; en todo caso se podría entender que cuando la noticia es nociva sí es bueno censurarse si con su no publicación se puede evitar que las gentes imiten esas acciones motivo de la noticia.
En la cuestión de la educación dada por los progenitores, considero que es algo lamentable y doloroso.
Lamentable porque se aprendió lo que nunca debió enseñarse: a “hacer lo que a uno le da la gana sin saber si es bueno o malo”; de este modo los jóvenes están perdiendo los valores que lleva aparejados la dignidad de la persona. No distinguen lo qué es bueno de lo que es malo. Les importa un “bledo” las consecuencias de sus actos. Sólo quieren su propia “satisfacción”. Impera en ellos el egoísmo. No llegan a conocer lo qué es el autentico amor.
Doloroso para los padres que, es de suponer, no les agradará en absoluto que sus hijos caminen por esas sendas del libertinaje que sólo pueden conducir a la degeneración de los que, por su amor, nacieron. Claro es que si ellos recibieron la misma educación no sería de extrañar que lo vieran como una “cosa natural”. Si ello es así…mal camino lleva nuestra sociedad.