LA PEOR CRISIS

Es bueno que conozcamos cuanto más y mejor lo que tenemos y somos, para, de alguna manera poder utilizar, cada uno, todas nuestras capacidades tratando de evitar que haya crisis que nos afecten de manera directa. Es bueno que conozcamos cuanto más y mejor lo que la prensa, la radio, la televisión, tertulias, debates y todos los medios nos ofrecen de información sobre la crisis de la economía, Así conozcemos la situación real de nuestra España y que no cesan de facilitarnos con datos y más datos de la economía, las cifras de parados, las empresas que quiebran, lo que hacen nuestros gobernantes y la oposición, la “deuda”, la corrupción, etc. para que conozcamos lo que soporta España y que… crece y crece; los consumidores, nosotros, somos los que sufrimos sus consecuencias, que nos abruman, y para la que no tenemos la capacidad de evitarla si no es de manera individual.

 
Alfonso Balsera Rosado | 19 de junio de 2010

Es bueno que conozcamos cuanto más y mejor con la crisis política que late entre nuestros representantes por cuanto no “saben” gobernar para conseguir nuestra prosperidad, seguridad y bienestar. Parece que sólo piensan en “sus” acomodos. Habremos de saber administrar nuestro voto cuando llegue el momento. Pero hay otra crisis de la que apenas “hablan” los medios y que es muchísimo más preocupante para la sociedad y la misma vida, y hemos de conocerla.

Es la crisis de valores - se están perdiendo los valores esenciales del ser humano- pérdida que está siendo alimentada por aquellos que quieren destruir la sociedad que hemos conseguido gracias al ideal y espíritu cristiano propagado por todo el Occidente desde que Jesucristo fundó su Iglesia y que hemos venido recibiendo generación tras generación. Una sociedad basada en la amistad, en la mutua confianza, en la justicia, en la generosidad, en la nobleza, en la pureza de corazón, en la verdad, en la esperanza, en el amor, en la ilusión de “llegar” a un mundo mejo; esa sociedad que se ha venido alimentando de toda esa serie de virtudes que hacen al hombre alegre y feliz: la humildad, la generosidad, la caridad, la pureza, la templanza, la paciencia, la diligencia; esa sociedad que cree en la dignidad de la persona, en la igualdad de todos ante la ley, en la educación familiar, y que se está deshaciendo como consecuencia de las disposiciones que establecen los órganos de gobierno de muchos países en aras a conseguir el “bienestar social”, es decir el “tener” más de lo preciso para “gozar” de cuantos más bienes materiales y, así, poder llegar a la “holganza y el disfrute del “placer sensual”, a la liberación absoluta del ser para el que no se busca sino que pueda hacer lo que “le dé la gana” sin pensar si es bueno o malo.

Para conseguirlo, como somos, ya, muchos, pues conviene que nazcan menos, y se facilita el aborto, y se aboga a que lo que hemos de conseguir sea con poco o ningún esfuerzo -estudiar lo imprescindible o menos, trabajar poco y ganar mucho-, y confundimos el amor entre hombres y mujeres con aquel otro que se quiere imponer-el amor entre gentes del mismo sexo-, y se quiere “fabricar” el pensamiento único de que lo que importa es el “yo” y nada más que el “yo”.

Y esta es la auténtica y terrible “crisis” que cada uno debe combatir. Que nadie, por mucho poder que tenga, puede obligarnos a admitir lo que no es bueno. Que cada uno de los que queremos servir a nuestros semejantes luche para evitar que en sus conciencias anide ninguna de las “enseñanzas” funestas que quieren imponernos. ¡Que todos tenemos la capacidad de usar de nuestra libertad para aceptar lo bueno y para rechazar lo malo!.

 
 

 
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