"La violencia es quizás la más violenta violación de los derechos humanos y quizás la más generalizada. No conoce límites geográficos, culturales o económicos.
Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz." Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas. Hace ya diez años, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con la finalidad de promover a través de los gobiernos, organizaciones internacionales y ONG, actividades de sensibilización pública respecto al problema de la violencia contra la mujer.
La violencia es un fenómeno que se ha hecho presente a lo largo de la historia, sin distinción de razas, credo, nivel socioeconómico o sexo, llegando incluso a considerarse como un problema ubicuo (OPS, 2002). La violencia existe y ha existido siempre, es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1996) como: El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

El problema de la violencia ha afectado tanto a hombres como a mujeres, llegándosele a considerar como una de las principales causas de muerte: 14% de las defunciones en la población masculina y del 7% en la femenina, aproximadamente (WHO, 2002). Por tanto, las raíces de la violencia no están determinadas por el sexo, sino que dependen de diversos factores los biológicos: trastornos psíquicos o de personalidad; socio- culturales: relaciones familiares, de amistad y comunitarias, tradiciones o estereotipos que fomenta la desigualdad entre sexos; económicos y políticos: políticas sanitarias, económicas, educativas y sociales que contribuyen a mantener las desigualdades económicas o sociales entre los grupos de la sociedad (OPS, 2002).
No obstante, el fenómeno de la violencia contra la mujer, se ha manifestado en numerosos pueblos y naciones como un problema socio- cultural, resultado de tradiciones y estereotipos que posicionan al hombre por encima de la mujer, fomentando relaciones de agresividad y subordinación. La violencia contra la mujer, no solo trae consecuencias negativas para ella misma, sino que también afecta el entorno que la rodea: empobrece a sus familias, comunidades y naciones. Reduce la producción económica, drena recursos de los servicios públicos y los empleadores y disminuye la formación de capital humano (ONU, 2006).
Un estudio patrocinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 1999) sobre las repercusiones económicas de la violencia en países de América Latina, calculó que los gastos en salud equivalían por si solos, al 1,9% del PIB en el Brasil, al 5,0% en Colombia, al 4,3% en El Salvador, al 1,3% en México, al 1,5% en el Perú y al 0,3% en Venezuela. Asimismo, Rebeca Grynspan, directora regional del Programa para el Desarrollo de la ONU (PNUD), afirmó que el costo de la violencia doméstica en América Latina equivale al 2% del Producto Interior Bruto (PIB) de la región.
En México, la violencia más frecuente en contra de las mujeres es la de pareja, representando el 43.2% de las mujeres de 15 años y más (INEGI, 2008). Sin embargo, cabe destacar que desde 2003, ha habido una reducción de este tipo de violencia en un 3.8% (INEGI, 2004). En la lucha por eliminar la violencia contra la mujer no es suficiente promover una legislación más rigurosa o sanciones que refuercen el castigo a los agresores. Debido a que este tipo de violencia tiene sus principales raíces en ámbito socio- cultural, debemos promover una cultura de respeto y equidad entre mujeres y hombres.
Es necesario que desde el ámbito familiar se refuercen relaciones de convivencia armónica y fraternidad, para enseñar a las futuras generaciones a respetarse sin hacer distinción de sexos, razas o credo. Para erradicar la violencia, el ser humano necesita aprender a ser él mismo, valorarse para encontrar al otro, amarlo y respetarlo. No basta promover sólo la igualdad de derechos de hombres y mujeres, sino también un sincero respeto y aprecio mutuo, así como la voluntad de colaborar por ideales compartidos.
Referencias
Banco Interamericano de Desarrollo. (1999). Violence as an obstacle to development. Washington, D.C., EE.UU.: BID.
Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática. (2008). Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. México.
Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática. (2004). Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. México.
Organización de las Naciones Unidas. (2006). Poner fin a la violencia contra la mujer: De las palabras a los hechos. Estudio del Secretario General de las Naciones Unidas. ONU
Organización Mundial de la Salud (1996). WHO Global Consultation on Violence and Health. Violence: a public health priority. Ginebra, Suiza: WHO.
Organización Panamericana de la Salud. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud: resumen. Washington, D.C., EE.UU: OPS.
World Health Organization (2002). Injury: A leading cause of the global burden of disease. Ginebra, Suiza: WHO.