PRUDENCIA E IMPRUDENCIA

Prudencia- Virtud esencial para la resolución de los problemas que los hombres encuentran en la vida.

Cuando el ser humano ha de acometer una tarea, tiene la capacidad de discernir si sus consecuencias le ayudan o le entorpecen el camino que pretende recorrer para, así, actuar prudentemente (San Agustín dice que la prudencia es el amor que discierne lo que ayuda a ir a Dios de aquello que lo entorpece; y Juan Pablo II señala que: prudente no es –como frecuentemente se cree- el que sabe arreglárselas en la vida y sacar de ella el máximo provecho, sino el que acierta a edificar la vida entera según la voz de la conciencia recta y según las exigencias de la moral justa....).

Desgraciadamente, muchas veces no tenemos las luces suficientes en nuestro entendimiento para discernir con rectitud sobre los hechos que pretendemos realizar y las circunstancias que nos rodean, y decidimos hacer, sin prever los resultados, ya sea porque nos falte la formación -cultural, histórica, pedagógica, moral....- que necesitaríamos, ya sea porque, por soberbia de nuestro propio valer, no seamos capaces de considerar los resultados, y nos dejemos arrastrar por la irresponsabilidad.

 
Alfonso Balsera Rosado. Alicante | 12 de marzo de 2010

Lo que la lógica más elemental señala es que antes de “hacer”, consultemos a quien mejor pueda aconsejarnos; es decir, al que esté más capacitado en aquello que interesa. Lo grave sería que, al no saber qué habríamos de hacer, la consulta se realizara a quién, o no sabe, o quiere equivocarnos, en cuyo caso la prudencia desaparecería de nuestro vivir y nos dejaríamos llevar por la osadía y la irresponsabilidad. Osadía porque se acometerían acciones sin cálculo de resultados, e irresponsabilidad porque se podría estar actuando mal para el conjunto de las gentes que pudieran depender de nosotros. Actuaríamos imprudentemente.

De la prudencia con que el hombre acometa sus tareas depende su acertada y eficaz solución, pues ser prudentes supone moderación, juicio y cordura para actuar sabiendo distinguir lo bueno de lo malo. Actualmente estamos advirtiendo que nuestros gobernantes, actúan completamente equivocados porque lo que están aplicando es, precisamente, todo lo contrario, la imprudencia, ya que en sus hechos abundan la falta de sensatez y la necedad. Sigue diciendo Juan Pablo II: “...la prudencia viene a ser la clave para que cada uno realice la tarea fundamental que ha recibido de Dios, ésta tarea es la perfección del hombre mismo”.

Aunque alcanzar la perfección del hombre parece una entelequia en este mundo, sí debemos intentar ir tras ella o, al menos, acercarnos; y de manera especial hemos de buscar a quienes pueden ayudar a su logro. Así, cuando, teniendo que elegir a los mejores, a quienes han de “decidir” sobre nuestro futuro y nuestra formación para que gobiernen nuestros intereses, tenemos la obligación de ser prudentes en nuestros apoyos. La imprudencia nos llevaría a elegir a “cualquiera” y no a los mejores.

Para que se actúe con eficacia, una vez que se ha fijado el objetivo por el que se ha de luchar, que es la paz y el bienestar en la unidad de todos los pueblos y tierras de España, hay que estar convencidos de que nos anima la prudencia en nuestras decisiones, que es la que aconseja que el camino a seguir ha de ser el de la firmeza en la utilización eficaz de todas los medidas que proponen los -por sus conocimientos- más calificados prohombres. No nos podemos dejar llevar por la osadía y la soberbia sin dejarnos aconsejar.

Pero... ¿Quiénes son los mejores? La lógica y el sentido común nos ilustran para saber elegir entre... ¿Los amigos de la verdad o los mentirosos? ¿Los que prometen ilusiones o realidades? ¿Los que buscan la anarquía y la pérdida de valores o los que se asientan en la esencia de la vida? ¿Los que buscan nuestro bienestar o, preferentemente, el suyo? ¿Los que saben del Bien o los que lo desconocen o animan al Mal? ¿Los que saben amar o los que odian? En todo caso ¿Los irresponsables e imprudentes o los prudentes? La imprudencia nos llevaría a elegir a los irresponsables. La prudencia nos aconseja elegir a los responsables.

 
 

 
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