Se conoce bien el cuento de aquel pastorcillo que por divertirse anunciaba, voceando una y otra vez al resto de los pastores “que viene el lobo” mientras se reía porque su “mentira” hacía correr a todos, hasta que de verdad vino el lobo y a su aviso y petición de ayuda nadie quiso hacerle caso porque pensaron que, otra vez, era mentira.
Él fue quien pago las consecuencias y el lobo le destrozó el rebaño que guardaba. Le dejaron solo. Y es que al mentiroso siempre le suele ocurrir que termina sufriendo las terribles consecuencias que son causa de sus propias mentiras, porque quiere engañar para aprovecharse de los demás, y la gente, que suele ser confiada, cuando se apercibe de los engaños le castiga, bien porque no le haga caso cuando dice la verdad, bien porque desconfía de todo cuanto dice y propone, bien porque lo elimine de la misma sociedad en la que vive, y, así, el mentiroso se queda solo, y como lo normal es que todos necesitamos de todos pues él no recibe ayuda ninguna.
Actualmente vivimos en una sociedad que se siente engañada por las mentiras y promesas que nos hacen nuestros representantes políticos, de manera especial por los miembros del gobierno que nos “desgobierna”, porque nos mienten en cuanto que pregonan con sus decisiones que matar un feto no es un asesinato porque –dicen- es un derecho de la mujer, para no ser encarcelada si lo comete, nos mienten en cuanto nos dicen que el matrimonio ha dejado de ser exclusivo entre hombre y mujer, nos mienten en cuanto nos aseguraron que la crisis económica que se veía venir no era tal, aunque ahora sí lo reconocen, pero echando la culpa a… ¿quiénes?, nos mienten en cuanto que nos dicen que quieren establecer la justicia social y la sustituyen por una caridad mal entendida (en lugar de procurar los medios para dar trabajo a quienes lo necesitan, dan –unos euros, becas, el subsidio del paro, el p.e.r, subvenciones,...) limosnas miserables que en el mejor de los casos pueden ayudar a sobrevivir unos días y en otros casos lo que hacen es acostumbrar a la gente a despreocuparse del trabajo y, los “listillos”, a ser pícaros por excelencia) y así piensan.
¡Que éstos gobernantes sigan porque a mí me facilitan mi holganza! ¿Cuándo las gentes de bien – que son las más-, las que quieren trabajar, las que quieren conservar en sus conciencias la verdad, las que buscan la justicia y la equidad, las que quieren mantener unos principios esenciales en la vida como son la solidaridad, la esperanza, los deseos de ser mejor, el amor..., cuando van a despertar y apercibirse de que los mentirosos no nos deben gobernar? Hay que dejarlos “solos” para que sufran las consecuencias