¡Qué engreído el que pretende que le adoren por ser él! ¡Qué lerdo el que cree saber y no sabe qué es el bien! ¡Qué necio el que a los demás los considera incapaces! ¡Qué cretino es el que “manda” sin “saber” de autoridad! ¿Qué es lo que se ha de esperar de quién todo esto “posee”?
Solamente puede haber la ruina de quién lo admira pues que, sin duda, habrá de ser: tan tonto, simple, estúpido, iluso, torpe, pobre, obtuso, ansioso, engreído, lerdo, necio y cretino… como él. Y… por contra, ¡Qué sabio el que siempre estudia porque se sabe ignorante! ¡Qué realista el que ve siempre los contras y pros de todo! ¡Qué humilde el que se dedica a servir sin pedir nada! ¡Qué “entero” es aquel que sufre y sonríe por doquier! ¡Qué virtuoso el que busca ayudas para su “hacer”! ¡Qué humilde quién considera que apenas posee “saber”! ¡Qué grande quien, sin saber, se da a los demás en todo! ¡Qué generoso el que da sin esperar recibir! ¡Qué prudente es quién escucha para poder decidir!
Porque todo el que esto busca es digno de que le “sigan”. A éste, sí, tú síguele; trata de imitarle bien porque alcanzó, sin querer, la felicidad de ser... ¡Amor! Y esto sí te viene bien.