Durante décadas se viene discutiendo la bondad de un sistema educativo u otro, sin pararse a pensar, en muchas ocasiones, que las distintas leyes y métodos, que emanan de ellas, y que regulan los gobiernos para la enseñanza de nuestros jóvenes, tienen beneficiarios o victimas, según lo acertado de su filosofía.
Más bien parece que la política de educación responde a intereses electoralistas e inversión en los mismos a medio y largo plazo. Una sociedad que promueve la buena preparación de sus miembros se enriquecerá e irá superando con más facilidad los problemas que la economía, conductas y valores vayan planteando con el paso de los años.
Tener ciudadanos preparados, con un sistema educativo exigente, hace personas con criterio que discernirán entre lo bueno y lo malo. Sucederá al contrario cuando lo que se busca es que el alumno se crea el centro del universo sin haberse esforzado, sin respeto a la autoridad moral que tiene, o debería tener, el docente. Es cierto que los problemas graves comenzaron cuando tanto padres como profesores se situaron en una relación equivocada, de colegas. Lugar muy cómodo para algunos.
La amistad se desarrolla de igual a igual. Un chico que se sitúa en un plano superior por altanería o inferior por complejo, de otra persona, tiene conocimiento de ella pero no amistad. Esto no implica que el cariño que existe del profesor al alumno pueda o incluso sea superior y viceversa. Todos recordamos nuestra época escolar, trae a nuestra memoria profesores con cariño y agradecimiento.
El gobierno esta haciendo al partido de la oposición llamamientos para conseguir un pacto sobre la educación, otro intento de abrazo del oso. Esperemos que el PP reaccione y se proponga como meta a conseguir una verdadera libertad de enseñanza. Y que esto no acabe siendo otro paso más en la política de adoctrinamiento y recorte de libertades.