Dirección: Alexander Payne Guión: A. Payne, Nat Faxon, Jim Rash Fotografía: Phedon Papamichael Montaje: Kevin Tent Intérpretes: George Clooney, Judy Greer, Matthew Lillard, Beau Bridges, Shailene Woodley, Robert Forster, Nick Krause Vestuario: Wendy Chuck Distribuidora: Fox Duración: 115 minutos Público Adecuado: Mayores de 16 años (temática, lenguaje)
Alexander Payne vuelve a soñar con el Oscar con un drama que golpea e indulta sus personajes a partes iguales.
Un hombre maduro, atractivo y en la cima de su carrera profesional. Felizmente casado y con dos hijas en la peor de las edades: una está entrando en la adolescencia y la otra no termina de salir de ella. Su mujer sufre un accidente mortal y queda en coma y, en ese momento... el mundo estalla.
Es sorprendente lo que hace Alexander Payne en Los descendientes. A partir de una novela, con una historia melodramática bastante convencional -el guiño ecologista es eso, un guiño y una subtrama no excesivamente conseguida-, el director y oscarizado guionista de Entre copas consigue tejer una sólida galería de personajes y conflictos, que son tan veraces y potentes como la vida misma.
En las dos horas de metraje no consigues sacudirte de encima la sensación de que lo que estás viendo es muy vulgar y cotidiano; que entre este Clooney vestido con chancletas y el vecino del quinto hay pocas diferencias, que la historia de infidelidad por aburrimiento y fragilidad puede ser -desgraciadamente- la de cualquiera, y que el seísmo que provoca este engaño afecta también a todos por igual. Y, sin embargo, o quizás precisamente por eso -porque la película transpira realismo por todos los poros- no puedes apartar la vista de la pantalla.

Payne demuestra además en esta cinta que para conmover no hace falta recurrir al histrionismo ni caer en la rareza, basta con captar -con maestría, eso sí- la riqueza que encierra una persona. Con la ciencia de un buen escritor y su tradicional y ácido humor, Payne pone a cada uno de los personajes en el paredón... para después -¡sorpresa!- irlos salvando a todos.
Clooney vuelve a demostrar que es un gran actor. Ya sabíamos que es de los pocos que puede rematar una película aguantando un interminable primer plano. Pero aquí también deja claro que supera la prueba que supone llevar una espantosa camisa hawaiana y que es de los pocos que puede hacer una melodramática declaración de amor a una esposa en coma (mi amor, mi amiga, mi dolor, mi alegría) sin que nadie suelte una risita nerviosa de vergüenza ajena. Es más, a mi lado, curtidos y prestigiosos críticos tragaban saliva. Casi nada.
Con Los descendientes, Payne vuelve a acariciar el Oscar. De momento, la cinta ganó 2 Globos de Oro (película-drama y actor-drama, Clooney) y fue con The artist la triunfadora en los premios de la prensa extranjera acreditada en Hollywood. Clooney aspira a más premios por Los idus de marzo, que dirige y escribe.