Namrata Nayak puso rostro a la persecución de los cristianos en el Estado indio de Orissa en 2008. Tenía 10 años cuando una bomba le desfiguró la cara, pero no guarda rencor. «La Navidad es un tiempo de agradecimiento al Niño Jesús, que me salvó del fuego», dice. Ayuda a la Iglesia Necesitada, con el apoyo de la Cadena COPE, pide esta Navidad ayuda para cristianos como ella
La persecución venía de atrás, pero la violencia se desbordó en el verano de 2008. Las imágenes de aquellos sucesos dieron la vuelta al mundo. Fundamentalistas hindúes causaron unas 70 víctimas mortales y cerca de 50 mil desplazados, que tuvieron que pasar, en muchas ocasiones, largas temporadas ocultos en la jungla. Diez mil cristianos aún no han regresado a sus hogares, y tal vez nunca puedan hacerlo. Sus agresores les han hecho saber que sólo tienen que apostatar de su fe católica, que los hinduistas consideran una religión invasora. Pero estos cristianos se declaran antes dispuestos a morir, y reivindican su lugar en la sociedad india, en la que están presentes desde hace dos mil años (la primera evangelización se le atribuye al apóstol santo Tomás). Hoy, el porcentaje de cristianos en la India no llega al 5%, pero eso son muchos cristianos en un país tan poblado como éste: unos 60 millones.

Lo que más ha sorprendido a la delegación de Ayuda a la Iglesia Necesitada que ha visitado Orissa, en el este de la India, no es el odio y el fanatismo, tantas veces retratados por AIN en muy diversos lugares del planeta, sino la ausencia de rencor en las víctimas. Regina Lynch, Directora internacional de Proyectos, destaca el caso de sor Meena. Tras sufrir palizas y ser expuesta semi desnuda para escarnio público, junto a un sacerdote anciano, la religiosa se libró por los pelos del linchamiento, gracias a la intervención de un hombre valiente y decente. Salvó la vida, pero la violaron repetidas veces. Desde entonces, toda su preocupación ha sido llegar a perdonar a esos hombres. «¿De qué me serviría mi fe cristiana si no pudiera perdonar?», dice.
El Tribunal Popular Nacional del Movimiento de la Solidaridad Nacional, una coalición de ONG indias, acaba de publicar un extenso informe sobre aquellos sucesos, que califica de «crímenes contra la Humanidad». El Informe destaca, en particular, la violencia sexual contra mujeres, así como las secuelas que han quedado en los niños, que presenciaron las palizas a sus padres. No acaba ahí la cosa: muchos de esos menores han tenido que abandonar después el colegio, porque en vez de encontrar en la escuela un lugar de comprensión y consuelo, donde sanar las heridas, el hostigamiento ha continuado en clase, de la mano de compañeros, profesores y directores de los centros.
El Informe denuncia severamente la actitud de la policía y las autoridades, de pasividad, cuando no de complicidad con los agresores. Los jueces no han querido hacer justicia a las víctimas, y más de 3 años después, a los desplazados se les deniegan los permisos para la reconstrucción de sus casas.
En esta situación, toda ayuda material a los cristianos es poca. Pero lo primero que ellos piden no es dinero. «Necesitamos el apoyo de la oración», dice a AIN un responsable de la diócesis de Cuttack Bhubaneswar. «Y sabemos que oráis por nosotros y nos apoyáis. Nuestra fe nos une como hermanos y hermanas en Cristo. Lo agradecemos».