Adviento: vocación cristiana

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Comienza el año litúrgico, y el introito de la Misa nos propone una consideración íntimamente relacionada con el principio de nuestra vida cristiana: la vocación que hemos recibido. Vias tuas, Domine, demonstra mihi, et semitas tuas edoce me; Señor, indícame tus caminos, enséñame tus sendas. Pedimos al Señor que nos guíe, que nos muestre sus pisadas, para que podamos dirigirnos a la plenitud de sus mandamientos, que es la caridad.

Me figuro que vosotros, como yo, al pensar en las circunstancias que han acompañado vuestra decisión de esforzaros por vivir enteramente la fe, daréis muchas gracias al Señor, tendréis el convencimiento sincero —sin falsas humildades— de que no hay mérito alguno por nuestra parte. Ordinariamente aprendimos a invocar a Dios desde la infancia, de los labios de unos padres cristianos; más adelante, maestros, compañeros, conocidos, nos han ayudado de mil maneras a no perder de vista a Jesucristo.
 

EL PELIGRO DE CONVERTIRSE EN CRISTIANOS AGUADOS

VIS
A mediodía el Santo Padre se asomó, a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y comentó el evangelio de hoy que narra, como Jesús después de haber verificado que Pedro y los otros once habían creído en Él como Mesías e Hijo de Dios, “comenzó a explicarles que debía ir a Jerusalén y sufrir mucho, ser asesinado y resucitar al tercer día”.

“Se trata -dijo- de un momento crítico en que emerge el contraste entre el modo de pensar de Jesús y el de los discípulos. Hasta Pedro siente el deber de regañar al Maestro, porque no puede atribuir al Mesías un final tan innoble Entonces Jesús, a su vez, regaña duramente a Pedro, lo ”endereza'', porque no piensa “según Dios, sino según los hombres” y sin darse cuenta actúa como Satanás, el tentador.

Es un tema sobre el que, en la liturgia dominical, insiste también el apóstol Pablo, en su Carta a los Romanos cuando afirma que los cristianos no se deben conformar a este mundo, sino transformarlo para discernir la voluntad de Dios.

''Efectivamente -prosiguió el Papa- nosotros los cristianos vivimos en el mundo, insertados plenamente en la realidad social y cultural de nuestro tiempo, y es justo que sea así; pero esto lleva aparejado el peligro de que nos convirtamos en “mundanos”, de que “la sal pierda el sabor” como diría Jesús, es decir de que el cristiano se “agüe”, pierda la carga de novedad que viene del Señor, del Espíritu Santo''.

 

El Papa aboga por la paz y por los cristianos en Tierra Santa

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Pero es justo comenzar subrayando los actos ecuménicos con el Patriarca de Constantinopla, que eran el motivo del viaje. Francisco y Bartolomé firmaron una declaración conjunta en recuerdo y confirmación del comunicado común que cincuenta años antes publicaron sus predecesores Pablo VI y Atenágoras en el mismo Jerusalén. En ella subrayan la trascendencia de aquel primer encuentro y los progresos en el entendimiento mutuo alcanzados desde entonces. En particular se refieren al diálogo teológico emprendido por iniciativa de Juan Pablo II y Dimitrios.
 

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