Aunque Holanda se presenta como pionera en la legalización de la eutanasia, parece ser que algunos la encuentran todavía insuficiente. Bajo el lema Por voluntad propia, una iniciativa ha propuesto que el Parlamento discuta la legalización del suicidio asistido para los mayores de 70 años que estén ya cansados de vivir. Dicen haber reunido 125.000 firmas, más que suficientes para que el Parlamento deba debatir la cuestión.
Los promotores aducen que “la vida es un derecho, no un deber”, y que hay que permitir que la abandonen los que consideran que “su vida ya está completada”. Por supuesto, hay que evitar abusos, por lo que habría que constituir un cuerpo de especialistas en el suicidio asistido, que se encargarían de comprobar la firmeza del deseo de morir y la libertad con que procede el interesado, sin presiones del entorno. Tras otorgar el “certificado de vida vivida”, llegado el momento suministrarían la dosis fatal, sin que fueran perseguidos por las autoridades.
La iniciativa confirma que la expresión “pendiente resbaladiza” refleja bien la trayectoria del movimiento pro eutanasia. En Holanda se empezó por legalizar la práctica de la eutanasia para los enfermos terminales, alegando su dolor y falta de calidad de vida; luego se admitió que también cabía aplicarla cuando un sufrimiento psíquico hacía la vida insoportable, aunque el enfermo no estuviera aquejado de una enfermedad en fase terminal. Al principio se dijo que, por supuesto, la eutanasia tenía que ser voluntaria; luego se vio –como reveló el informe Remmelink– que abundaban los casos en que se ponía fin a la vida del paciente sin su petición explícita, cuando el médico decidía porque el enfermo o sus familiares no estaban en condición de hacerlo. En los últimos años, la eutanasia se ha empezado a aplicar también a recién nacidos con defectos congénitos graves.
Ahora, llega el turno de los “cansados de vivir”, algo que en la situación actual no justifica la eutanasia. En 2003, el Tribunal Supremo holandés confirmó la sentencia de un juzgado de Amsterdam que había condenado a un médico por ayudar al suicidio del ex senador Edward Brongersma, de 86 años, porque estaba “cansado de vivir”. El médico adujo que esto equivalía a “sufrimiento insoportable”, que es uno de los requisitos para la eutanasia. Pero el Tribunal Supremo sentenció que con la despenalización de la eutanasia “no se trata de que los médicos ayuden a suicidarse a gente cansada de vivir”.
Pero si al principio se empezó por mantener la eutanasia como delito, aunque exculpándola en ciertos casos extremos, desde 2001 se legalizó plenamente, y ahora se intenta llegar al último acto del recorrido, con la afirmación del derecho al suicidio.







